Me gustas tanto cuando callas,
cuando gritas, cuando mientes
con la boca que beso y maldice
en el mismo segundo.
Tus manos son mis esposas de seda,
tus pecados mi parque de diversiones;
te busco en la piel que aún me quema,
te pierdo en el humo que no regresa.
Dime otra vez que no quieres venir,
y verás cómo el cuerpo me traiciona
corriendo hacia tu “no”,
hasta que el “me gustas” se vuelva un insulto
que me hace venir.