Bajo las olas negras,
mi voz se hace espuma y se ahoga en tu nombre;
la luna sangra plata sobre los pecios del alma,
y el tiempo se arrodilla,
como un náufrago que besa tu huella de sal.
Entre sirenas de fuego y corales de silencio,
te busco con un corazón de ancla oxidada:
cada latido es un eco que regresa
a estrellarse contra tu ausencia de agua.